El cuerpo: efecto y aplicaciones

LA PIEL

Los problemas de la piel son a menudo la parte visible de problemas más profundos, como una aumento de las toxinas, un desequilibrio hormonal o dificultades nerviosas y emocionales. En este campo de versatilidad de los aceites esenciales es especialmente valiosa porque son capaces de combatir estas molestias a diferentes niveles. Como son solubles en aceite y en alcohol, y comunican su olor al agua, resultan un ingrediente ideal para los cosméticos, los cuidados de la piel y el tratamiento de enfermedades específicas.

En este campo, los siguientes efectos resultan particularmente beneficiosos:

ANTISÉPTICOS – Para cortes, picaduras de insectos, granos, etc: tomillo, salvia, eucalipto, árbol del té, clavo, lavanda y limón.

ACEITES ANTIINFLAMATORIOS – Para eccemas, heridas infectadas, golpes, magulladuras, etc: manzanilla dulce y manzanilla romana, lavanda y milenrama.

ACEITES FUNGIDAS – Para el pie de atleta, candidiasis, tiña, etc: lavanda, árbol del té, mirra, pachulí y mejorana.

ESTIMULACIÓN DE LA CICATRIZACIÓN O AGENTES CICATRIZANTES –  Para quemaduras, cortes, cicatrices, estrías, etc: lavanda, manzanilla, rosa, neroli, incienso y geranio.

DESODORANTES – Para la transpiración excesiva, limpieza de heridas, etc: bergamota, lavanda, tomillo, enebro, ciprés, salvia española y lemon grass.

REPELENTES DE INSECTOS O ANTIPARASITARIOS – Para piojos, moscas, sarna, garrapatas, mosquitos, hormigas, polillas, etc: alhucema, ajo, geranio, citronella, eucalipto, clavo, alcanfor y cedro del Atlas.

CIRCULACIÓN, MUSCULATURA Y ARTICULACIONES

Los aceites esenciales son absorbidos fácilmente por el torrente sanguíneo a través de la piel y la mucosas, influyendo en la circulación. Los aceites con efecto rubefaciente o activador no mejoran únicamente la circulación sanguínea local sino que también afectan a los órganos internos. Proporcionan calor y una sensación de bienestar a la epidermis, y disminuyen el dolor considerablemente gracias a su efecto analgésico y tumefaciente. Estos aceites alivian la inflamación local liberando mediadores libres que dilatan lo vasos sanguíneos, de forma que la sangre circula mejor, reduciendo la inflamación. Algunos aceites, como el de hisopo, tienen un efecto regulador del sistema circulatorio general, reduciendo la presión sanguínea si es demasiado alta o estimulando el sistema si éste es perezoso.

HIPOTENSORES – Para la tensión arterial alta, las palpitaciones, el estrés, etc.: mejorana, ylang ylang, lavanda y limón.

HIPERTENSORES – Para la mala circulación, sabañones, apatía, etc: romero, alhucema, eucalipto, menta piperina y tomillo.

RUBEFACIENTES – Para el reumatismo articular, rigidez muscular, ciática, lumbago, etc.: pimienta negra, enebro, romero, alcanfor y mejorana.

AGENTES DEPURATIVOS Y ANTITÓXICOS – Para artritis, gota, congestión, erupciones de la piel, etc.: enebro, limón, hinojo y levístico.

ESTIMULANTES LINFÁTICOS – Para la celulitis, obesidad, retención de líquidos, etc.: pomelo, lima, hinojo, limón, mandarina y abedul.

TÓNICOS CIRCULATORIOS Y ASTRINGENTES – Para la hinchazón, inflamaciones, venas varicosas, etc.: ciprés, milenrama y limón.

EL APARATO RESPIRATORIO

Las infecciones de nariz, garganta y pulmón responden muy bien al tratamiento con aceites esenciales. La inhalación  constituye una manera muy efectiva de utilizar sus propiedades porque “aunque una vez exhalado directamente por los pulmones, provocan un aumento  de la secreción bronquial (como la reacción de protección) que resulta beneficiosa para muchas enfermedades respiratorias”. Por inhalación llegan al torrente circulatorio antes que por vía oral. Además, la mayoría de los aceites esenciales ingeridos por el estómago se excretan por vía pulmonar, y sólo una pequeña parte a través de la orina.

EXPECTORANTES – Para el catarro, sinusitis, bronquitis, etc.: eucalipto, pino, tomillo, mirra, madera de sándalo e hinojo.

ANTIESPASMÓDICOS – Para el cólico, asma, tos seca, tos ferina, etc.: hisopo, ciprés, cedro de Atlas, bergamota, manzanilla y cajeput.

AGENTES BALSÁMICOS – Para los resfriados, escalofríos, congestión, etc.: benjuí, incienso, bálsamo de Tolu, bálsamo del Perú y mirra.

ANTISÉPTICOS – Para la gripe, resfriados, inflamaciones de garganta, amigdalitis, gingivitis, etc.: tomillo, salvia, eucalipto, hisopo, pino, cajeput, árbon del té y borneol.

EL APARATO DIGESTIVO

Si bien no se recomienda tomar los aceites esenciales por vía oral, éstos pueden producir, mediante su aplicación externa, ciertos cambios en el proceso digestivo. Por más que la fitoterapia disponga de diversos remedios para una amplia variedad de enfermedades del estómago, la vesícula biliar y el hígado, como el diente de león, malvavisco, manzanilla y ulmaria, gran parte de su efectividad se as en un combinación de sus componentes aromáticos, junto con los amargos, taninos y mucílagos, que están ausentes en el aceite volátil puro. La aplicación externa  de aceites esenciales para los problemas del aparato digestivo, aunque efectiva, resulta en consecuencia algo limitada en comparación con el uso interno de los remedios base de plantas medicinales.

ANTIESPASMÓDICOS – Para espasmos, dolor, indigestión, etc.: manzanilla, alcaravea, hinojo, naranja, menta piperita, melisa, anís y canela.

CARMINATIVOS Y ESTOMACALES – Para la dispepsia flatulenta, aerofagia, náuseas, etc.: angélica, albahaca, hinojo, manzanilla, menta piperita y mandarina.

COLAGOGOS – Para aumentar el flujo biliar y estimular la vesícula biliar: alcaravea, lavanda, menta piperita y borneol.

HEPÁTICOS – Para las congestiones hepáticas, ictericia, etc.: limón, lima, romero y menta piperita.

APERITIVOS – Para la pérdida del apetito, anorexia, etc.: anís, angélica, naranja, jengibre y ajo.

SISTEMAS GÉNITO – URINARIO Y ENDOCRINO

Al igual que ocurre con el aparato digestivo, se puede influir en los órganos reproductores y los cambios hormonales por absorción del torrente sanguíneo a través de la piel. Algunos aceites esenciales como el de rosa y jazmín tienen afinidad con el aparato reproductor, con un efecto fortalecedor, y ayudan a combatir trastornos como problemas menstruales, infecciones genitales y problemas sexuales. Otros aceites contienen hormonas vegetales que mimetizan las hormonas humanas correspondientes; aceites como los de lúpulo, salvia e hinojo se ha descubierto que contienen una forma de estrógeno que influye en el ciclo menstrual, la lactancia y las características sexuales secundarias.

Otros aceites esenciales actúan sobre los niveles de secreción hormonal de otras glándulas, incluyendo la tiroides (que controla el crecimiento y el metabolismo), la adrenal (relacionada con el estrés) y el córtex adrenal (que controla procesos como la producción de estrógenos y andrógenos).

En cuanto a los riñones, vesícula y aparato urinario, es difícil obtener resultados con el solo uso de aceites esenciales. Según estudios recientes, “los efectos diuréticos de los aceites esenciales son virtualmente inexistentes”.

ANTIESPASMÓDICOS – Para los dolores menstruales (dismenorrea), dolores de parto, etc.: mejorana, manzanilla, salvia romana, jazmín y lavanda.

EMENAGOGOS – Para períodos menstruales escasos, ausencia de período menstrual (amenorrea), etc.: manzanilla, hinojo, hisopo, enebro, mejorana y menta piperita.

TÓNICOS Y REGULADORES UTERINOS – Para el embarazo, exceso de menstruación (menorragia), síndrome premenstrual, etc.: salvia romana, jazmín, rosa, mirra, incienso y melisa.

AGENTES ANTISÉPTICOS Y BACTERICIDAS – Para la leucoma, prurito vaginal, candidiasis, etc.: bergamota, manzanilla, mirra, rosa y árbol del té.

GALACTAGOGOS – Para aumentar el flujo de leche: hinojo, jazmín, anís, lemongrass (la salvia, la menta y el perejil  lo reducen)

AFRODISIACOS – Para la impotencia y la frigidez, etc.: pimienta negra, cardamomo, salvia romana, neroli, jazmín, rosa, madera de sándalo, pachuli e ylang ylang.

ANAFRODISIACOS – Para reducir el deseo sexual: mejorana y alcanfor.

ESTIMULANTES DE ADRENALINA – Para la ansiedad, problemas de estrés, etc.: albahaca, geranio, romero, borneol, salvia, pino y ajedrea.

ANTISÉPTICOS URINARIOS – Para la cistitis, uretritis, etc.: bergamota, manzanilla, árbol del té y madera de sándalo.

EL SISTEMA INMUNOLÓGICO

En teoría todos los aceites esenciales tienen propiedades bactericidas y estimulan la producción de glóbulos blancos, ayudando a prevenir y tratar las enfermedades infecciosas. Estas propiedades confirieron a las plantas medicinales y a los aceites merecida fama contra  infecciones como la malaria y la fiebre tifoidea en los trópicos, y contra las plagas en la Edad Media. “Las personas que utilizaban con asiduidad aceites esenciales (…) tienen en general una elevada resistencia a la enfermedad, cogiendo menos resfriados, etc, que la media, y recuperándose pronto”.

AGENTES BACTERICIDAS Y ANTIVÍRICOS (PROFILAXIS) – Para la protección contra los resfriados, gripe, etc.: árbol del té, cajeput, niaouli, albahaca, lavanda, eucalipto, bergamota, alcanfor, clavo y romero.

AGENTES ANTIPIRÉTICOS – Para bajar la fiebre: angélica, albahaca, menta piperita, tomillo, salvia, limón, eucalipto y árbol del té.

SUDORÍFICOS Y DIAFORÉTICOS – Para  estimular la sudoración, eliminar toxinas, etc.: romero, tomillo, hisopo y manzanilla.

EL SISTEMA NERVIOSO

Investigaciones recientes demuestran que las propiedades de muchos aceites responden a las creencias tradicionales: se ha comprobado que los aceites de manzanilla, bergamota, madera de sándalo, lavanda y mejorana tienen un efecto sedante sobre el sistema nervioso central, mientras que los de jazmín, menta piperita, albahaca, clavo e ylang ylang tienen un efecto estimulante. En contra de la creencia popular, en cambio, se ha encontrado que el aceite de neroli es estimulante y el de limón relajante. Se sabe que algunos aceites tienen un efecto equilibrador o normalizador: por ejemplo, el aceite de geranio y el de Aniba rosaeodora resultan sedantes o estimulantes, en función de la situación y el individuo.

Palabras como “relajante” o “estimulante” suelen estar más relacionadas con la descripción del olor y la respuesta emocional que con su efecto fisiológico, si bien ambos están relacionados. Aceites como el de bergamota, melisa o limón pueden resultar sedantes para el sistema nervioso pero vivificantes del ánimo, y aceites como el de jazmín, ylang ylang y neroli pueden ser estimulantes nerviosos pero calmantes y relajantes a un nivel emocional más sutil.

SEDANTES – Para la tensión nerviosa, estrés, insomnio, etc.: manzanilla, bergamota, madera de sándalo, lavanda, mejorana, melisa, lúpulo, valeriana, limón.

ESTIMULANTES – Para la convalecencia, falta de fuerza, fatiga nerviosa, etc.: albahaca, jazmín, menta piperita, ylang ylang, neroli, angélica, romero.

TÓNICOS NERVIOSOS – Para fortalecer el sistema nervioso en su conjunto: enebro, manzanilla, salvia romana, lavanda, mejorana, romero.

LA MENTE

Este campo de actividad es quizás el más discutido y desconocido de los aceites esenciales. No existe duda alguna de que a lo largo de la historia los aceites  aromáticos se han utilizado por su poder para influir en las emociones y los estados de la mente: esa es la base del uso del incienso para fines religiosos y rituales. También es conocido dos vías nerviosas olfatorias que conectan directamente con el sistema límbico (la parte del cerebro relacionada con la memoria y el movimiento), lo que significa que que las fragancias pueden evocar una respuesta inmediata y poderosa que desafía el análisis racional.

Investigaciones recientes realizadas por la Universidad de Warwick, en Inglaterra, y la Universidad de Toho, en Japón, han intentado trasladar estas propiedades y aplicaciones tradicionalmente utilizadas a un contexto científico. Encontraron dos tipos de reacciones frente a los olores, que denominaron respuesta “de alta conexión” y de “baja conexión”: la primera de ellas está arraigada desde antes del nacimiento y es una respuesta puramente instintiva; la segunda se aprende o adquiere más tarde.

Pero, ¿hasta qué punto el efecto de un aceite determinado depende de su composición química o fisiológica, o bien de una creencia o una asociación? Al tratar de las respuestas psicológicas o emocionales de un aceite determinado frente al olor, este tipo de clasificación se hace mucho más difícil: seguramente en este campo es más adecuado  considerar el temperamento de cada persona en un determinado contexto que predecir una reacción determinada.

En la Conferencia sobre Psicología en Perfumería del año 1991, fue generalmente aceptado que “en tanto que los efectos farmacológicos pueden ser muy similares de una persona a otra, los efectos psicológicos es seguro que serán diferentes”. El efecto de un olor sobre un ser humano depende de diversos factores entre los que se incluyen:  1- como se aplica el olor, 2- en qué cantidad se aplica, 3- las circunstancias en las que se aplica, 4- la persona a la que se aplica (edad, sexo, personalidad), 5- cuál es su estado de ánimo, 6- qué asociaciones previas pueda tener esta persona con este olor determinado, 7- anosmia o incapacidad de oler (para ciertos olores).

Cuando empezamos a considerar las necesidades individuales, los aceites esenciales empiezan a demostrar la versatilidad de su naturaleza. La rosa es un buen ejemplo: una flor asociada con la belleza, el amor y la profundidad espiritual en los textos tradicionales y religiosos, pero también con una larga tradición de uso para enfermedades como problemas de piel, regulación del ciclo femenino, estimulación de la circulación, purificación de la sangre y tónico cardíaco. El oler la fragancia de una rosa nos trae todas estas ricas asociaciones consigo, afectando simultáneamente a nuestra mente y a nuestro cuerpo, efecto influido también por nuestra experiencia personal.

“La tendencia general del  pensamiento moderno es dualista; los acontecimientos físicos y somáticos se tratan de forma aislada y no relacionada”. Tratar de deslindar el espíritu de la mente no lleva a ninguna parte; “Mente y Materia son proyecciones relacionadas de una realidad superior que no es ni material ni consciente”.

“Por lo tanto debemos buscar las sustancias odoríferas que tengan afinidades con la persona que intentamos tratar, aquellas que compensen sus deficiencias y hagan florecer sus propias facultades. Al buscar este remedio encontraremos la prescripción individual (PI),  que representa en todos sus detalles  la identidad del individuo”.

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