Normas terapéuticas generales

Como norma general y de acuerdo con la aromaterapia actual, es preferible utilizar los aceites esenciales únicamente como remedios de uso externo. Esto se debe principalmente a la elevada concentración de los aceites y la posible irritación o daño que pueden causar en la mucosa y la delicada capa protectora del estómago si se toman sin diluir. Incluso puede existir algún tipo de orden natural en este esquema, ya que los aceites y ungüentos aptos para la aplicación externa, que son rápidamente absorbidos por la piel y fácilmente vaporizados por inhalación. Cuando inhalan, pueden afectar el estado de ánimo o los sentimientos de la persona y provocar, a la vez, cambios fisiológicos.

Las plantas medicinales, por otro lado, ceden muchas de sus cualidades al agua y al alcohol y son apropiadas para uso interno. Sin embargo, debido a la falta del elemento aromático concentrado, no tienen los mismos sutiles efectos sobre la mente y las emociones.

Estas son sólo indicaciones superficiales, porque siempre hay excepciones. El llantén, por ejemplo, es una excelente planta vulneraria de uso externo, aunque no contenga ningún aceite esencial. Tampoco podemos ignorar que buena parte de los aceites aromáticos se utilizan para aromatizar nuestros alimentos y bebidas, por lo que los consumimos diariamente en cantidades muy pequeñas. El aceite de menta piperina, por ejemplo,  se emplea en muchas bebidas alcohólicas y no alcohólicas, repostería y comidas preparadas, si bien la dosis media más elevada no excede del 0,104 por ciento. Los aceites de menta, que incluyen la menta y la hierbabuena,  también se utilizan ampliamente en la industria farmacéutica.

Se ha comprobado que el uso de aceites esenciales abarca un espectro amplio y variado. Por un lado comparten las cualidades holísticas de los remedios a base de plantas medicinales, aunque algunos herboristas consideran los aceites esenciales bajo el mismo prisma que los medicamentos sintéticos. Por otro lado, juegan un papel activo en la industria farmacéutica, tanto en su forma completa como en sus constituyentes aislados como el fenol o el mentol.

El objeto no es glorificar  los remedios naturales (algunos son de hecho altamente tóxicos) a expensas del progreso científico, ni defender la cultura actual, de orientación medicamentosa, sino únicamente de facilitar información  acerca de los aceites esenciales en sí mismo, con su multifacética naturaleza.

BEBÉS Y NIÑOS

Aumente siempre la dilución para los bebés y los niños pequeños, al menos hasta la mitad de la dosis recomendada.  Para los bebés, evite todos los aceites tóxicos e irritantes.

De 0 a 12 meses: sólo 1 gota de aceite esencial de lavanda, rosa o manzanilla (dulce o romana), diluida en una cucharilla de aceite base, para el masaje o el baño.

De 1 a 5 años: sólo de 2 a 3 gotas de los aceites esenciales inocuos (ni tóxicos ni irritantes) diluidas en una cucharilla de aceite base, para el masaje o baño.

De 6 a 12 años: utilice la misma dosis que para los adultos pero reduzca su concentración a la mitad.

Mayores de 12 años: la misma dosis que los adultos.

PRECAUCIONES

En general, los aceites esenciales más comunes son inocuos para su uso en aromaterapia y el hogar. Sin embargo, debido a su alta concentración y potencia, es recomendable tomar las precauciones que se indican.

FICHA DE TOXICIDAD – Compruebe siempre los datos acerca de su toxicidad antes de utilizar un aceite nuevo.

USO INTERNO –  ¡NO INGIERA LOS ACEITES ESENCIALES! SIN LA SUPERVISIÓN Y APROBACIÓN DE UN EXPERTO EN AROMATERAPIA! Esta norma está en concordancia con las normas de seguridad de la Federación Internacional de Aromaterapia. Los aceites esenciales no se diluyen en agua  y en su forma pura (no diluida) pueden dañar la capa del tracto digestivo. Además, algunos aceites esenciales son tóxicos si se ingieren.

ACEITES PELIGROSOS – Algunos aceites esenciales pueden ser peligrosos, especialmente en manos inexpertas, ya sea por su alta toxicidad o porque pueden provocar fuertes irritaciones dermatológicas. Por este motivo, deberán evitarse los siguientes aceites:                      acacia, ajedrea, ajenjo, alcanfor (marrón y amarillo), almendra amarga, árnica, artemisa, boldo, buchu, cálamo, canela (corteza), Carphephorus adoratissimus, costus, énula, gaulteria,  hinojo (amargo), jaborandi, meliloto, mostaza, orégano, pazote, perifollo, pino mugo, poleo, rábano, retama de olor, ruda, sabina, salvia (común), santolina, sasafrás, tanaceto, tomillo (rojo), tonka, tuya.

TOXICIDAD – Los aceites esenciales que pueden utilizarse con moderación (sólo diluidos y durante como máximo dos semanas) debido a su toxicidad son: acacia, ajowan, albahaca (exótica), alcanfor blanco, anís, anís estrellado, calaminta, canela (hoja), cedro de Virginia, cilantro, clavo (yema), corteza de cascarilla, cúrcuma, enebro, estragón, eucalipto, hinojo dulce, hisopo, laurel, lúpulo, nuez moscada, perejil, pimienta racemosa, salvia (española), Huatacay (Tagetes minuta), tomillo blanco, trementina, tuberosa, valeriana.

APLICACIÓN DEL ACEITE PURO –  En general, los aceites esenciales no deben aplicarse tal cual. Dilúyalos siempre en un aceite base o en una crema. Hay excepciones, como el aceite puro de lavanda sobre cortes, granos y quemaduras. Algunos aceites no irritantes pueden aplicarse directamente sobre la piel como perfume, como el ylang ylang o sándalo. Pruebe siempre en una porción de la piel, y manténgalos lejos de los ojos.

PRUEBA EN LA PIEL –  Antes de aplicar cualquier aceite nuevo sobre la piel, incluso como perfume, realice siempre una prueba. Eche unas gotas del aceite en la cara interior de la muñeca, cúbrala con una tirita y déjelo actuar una hora o más. Si aparece cualquier irritación o enrojecimiento, bañe la zona con agua fría. Para un futuro uso del aceite, reduzca su concentración a la mitad o no lo utilice.

IRRITACIÓN DE LA PIEL – Los aceites que pueden irritar la piel, especialmente si se utilizan en altas concentraciones son los siguientes: agujas de pino (silvestre y de hoja larga), ajo, ajowan, albahaca dulce, alcaravea, anís, borneol, cajeput, canela (hoja), cedro (de Virginia), clavo (yema), cúrcuma, eucalipto, menta piperina, jengibre, limón, perejil, pimienta negra y tomillo (blanco). Estos aceites deberían emplearse diluidos a la mitad de la dosis normalmente recomendada. Mézclelos siempre con una base de  aceite vehicular, crema o gel antes de aplicarlos sobre la piel y no utilice más de tres gotas en el agua del baño.

FOTOTOXICIDAD – Algunos aceites son fototóxicos, es decir, provocan manchas en la piel si se expone a la luz directa de sol. No utilice los siguientes aceites, ni puros ni diluidos si va a exponer después la zona de aplicación al sol: raíz de angélica, bergamota (excepto si carece de bergapteno), comino, jengibre, limón, lima, levístico, mandarina, naranja y verbena.

SENSIBILIZACIÓN – Ciertos aceites pueden provocar irritación de la piel únicamente en personas con la piel muy sensible, o bien provocar una reacción alérgica en otras personas. Incluso algunos de los aceites más utilizados, como el del árbol del té o el de jazmín, han llegado a provocar sensibilización en algunos casos contados. Es importante que las personas con la piel sensible realicen siempre una prueba para probar su sensibilidad antes de aplicarse un nuevo aceite. Estos son aceites que pueden provocar sensibilización: ajo, albahaca, árbol de té, bálsamo de Tolu, bálsamo del Perú, benjuí, cananga, cedro (Virginia), citronella, cúrcuma, geranio, jazmín, jengibre, laurel, lemon-grass, lentisco, levístico, limón, Litsea cubeba, lúpulo, manzanilla (romana y dulce), melisa, menta, milenrama, naranja, pino (silvestre y de hoja larga), tomillo (blanco), trementina, vainilla, valeriana, verbena, violeta e ylang ylang.

EMBARAZO – Durante el embarazo, use los aceites esenciales a la mitad de la dosis recomendadas. Los aceites que son potencialmente tóxicos o que tienen propiedades emenagogas (estimulan la musculatura uterina), están contraindicados. No se deben usar en ningún caso los siguientes: ajowan, albahaca, angélica, anís, anís estrellado, semillas de apio, Asarum canadense, calaminta, hojas de canela, cedro (todos los tipos), citronella, clavo, comino, hinojo (dulce), enebro, estragón, hisopo, láudano, laurel, levístico, mejorana, mirra, nuez moscada, perejil, salvia romana, salvia española y tomillo (blanco). Es mejor evitar los siguientes aceites durante los primeros 4 meses de embarazo: menta piperina, romero y rosa.

TENSIÓN ARTERIAL ALTA – Evite los siguientes aceites en caso de tener la tensión alta: hisopo, romero, salvia (española y común) y tomillo.

EPILEPSIA – Evite los siguientes aceites en caso de epilepsia, debido a su poderosa acción sobre el sistema nervioso: hinojo (dulce), hisopo, romero y salvia (todos los tipos).

DIABETES – En caso de diabetes, evite el aceite de angélica.

HOMEOPATÍA –  El tratamiento homeopático no es compatible con los siguientes aceites: alcanfor, eucalipto, menta piperina y pimienta negra.

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